Este proyecto utiliza la fotografía como herramienta pedagógica en escuelas de Benín, Angola y Cabo Verde y en Brazil. A través de talleres creativos, niños y jóvenes exploran su identidad, reflexionan sobre su lugar en el mundo y descubren la capacidad de la imagen para narrar sus propias historias.

En un contexto marcado por limitaciones de recursos educativos, la práctica artística asume un papel fundamental: promueve la creatividad, la empatía y el pensamiento crítico, al tiempo que fortalece la autoestima y el sentido de pertenencia. La fotografía se convierte en un lenguaje accesible y transformador, abriendo posibilidades de expresión, diálogo y construcción de memoria colectiva.

Cada sesión funciona como un espacio de aprendizaje y creación, donde el arte deja de ser un privilegio y se transforma en una herramienta de inclusión y desarrollo social. El proyecto busca, así, demostrar que la práctica artística es esencial para generar conciencia, fortalecer comunidades y abrir caminos hacia futuros más participativos.

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